CAP. 2 Aprender a Morir



Aprender a morir


Ayer casi muero. 
Suena loco hasta escribirlo, pero es la verdad. 

Así lo sentí, en ese instante donde estaba tirada en el piso, intentando literalmente ayudar a mi corazón a latir. 

Lo supe “me muero”… 

Yo aún no quiero, no quería morir, aunque no sentí miedo ante mi muerte. Me di cuenta más que nunca, que la muerte es la conciencia de la vida.

No quería que mi hija de 6 añitos, me viera muerta tirada en la alfombra, no quería ese dolor para ella. No quería ese dolor para mi compañero, sería un impacto enorme. No quería morir en el apartamento de mi paciente. 

Hacia unas semanas, una paciente me prestó su apto en Colonia del Sacramento, con una generosidad y amor, de la cual soy testigo y estoy agradecida de poder ver y experimentar. Y no quería ese sufrimiento para ella!

Yo soy una psicóloga poco convencional, siempre lo fui. Aprendí desde el inicio de mi carrera, la vital importancia de amar a mis pacientes y de mostrarme humana con ellos y ciertamente aseguró que funciona.

Así que tenía varias razones para vivir esa tarde…

Mire el cielo por la puerta ventana del balcón que estaba a mi costado, había un atardecer hermoso, vi todo lo que me rodeaba y estaba agradecida, podía morir allí. Le dije a Dios que entendía si me llevaba, que habría una buena razón, un bien mayor y que en todo caso algún día tendría que irme.

Agradecí irme así, rodeada de tanto amor, envuelta en un milagro. 

Hay teorías que plantean que uno decide cuándo morir y que no es algo que “nos pasa”… pero yo allí tendida, entendí que quería vivir, e hice todo frente a mi limitado alcance para lograrlo!

No me desespere, no llame a emergencias, ni entre en pánico. 

Solo lo acepte, deje que ocurriera y empecé a mover las piernas. Primero hice una especie de bicicleta, después extraños movimientos de coordinación entre brazos y piernas, no cese. 

Lo hice por bastante tiempo.

Cuando logre alcanzar el teléfono sobre el sofá, llame a mi esposo y espere con los movimientos activos sin poder levantarme. Cuando llego con nuestra hija, solo la energía de ellos le permitió a mi cuerpo poder levantarme y desplazarme a la cama. 

Me doy cuenta de cómo su amor, me sostiene literalmente.

Agradecí su presencia en mi vida.

Mi hija me alimentó y me dijo “tenías hambre mamá” feliz de ayudarme sin saberlo… Mi esposo se alivió al verme y saberme viva. Él ha sido un gran pilar en mi vida, me ha ayudado a conocerme más y mejor, me ha dado un amor incondicional sin precedentes y somos uno en lo profundo, más allá de todo!

Yo no sé si estás palabras le llegarán a alguien, pero me llegan a mi, llegan a través de mi y quizás te lleguen a ti, seas quien seas, que estás leyendo estas líneas.

La muerte es nuestra amiga, nos libera del sufrimiento y nos retorna a casa. No le temas, acéptala a tu manera y bendecila, otra cosa no es recomendable hacer. 

Morir con miedo en una pena y no hay necesidad de ello.
El hecho de no saber de ella, no significa que debamos temerle. 

Hay maravillosos libros que hablan sobre la muerte y son de gran ayuda para sobrellevarla, a mi me han llegado muchos y te aseguro que si te interesa, también te llegarán a ti. 
Pero para concluir lo mejor es dejarse llevar con un corazón alegre y agradecido de lo que fue el viaje, en este círculo verde azulado que es la hermosa Gaia, el planeta Tierra.

Gracias Magia por mostrarme mi muerte para ayudarme a apreciar mi vida, tal cual es.


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